Se fue un gran maestro, hasta siempre profesor Claudio Bidau

Pasó a la eternidad mi querido profesor de Genética, el Dr. Claudio Bidau. Docente por vocación, con una mente de gran lucidez, siempre nos motivó a la inquietud intelectual y a participar en la enseñanza de las ciencias. Gran predicador de la Teoría de la Evolución, amaba a la ciencia y a la vida y poseía una gran sensibilidad social.

Gracias, profesor, por haberme estimulado y despertado a esta nueva dimensión del conocimiento.

Comparto con todos esta nota que nos escribió para la Revista Ambiente Siglo XXI en el año 2011 de la ONG Econciencia (Chascomús).

Una ética evolutiva de la biología de la conservación*

Publicado en Revista Ambiente Siglo XXI - ONG Econciencia
Autor Dr. Claudio Bidau
* En memoria de Chico Mendes

“It is interesting to contemplate a tangled bank, clothed with many plants of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect that these elaborately constructed forms, so different from each other, and dependent upon each other in so complex a manner, have all been produced by laws acting around us […]. There is grandeur in this view of life, […] and whilst this planet has gone cycling on according to the fixed laws of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being evolved.”

Charles Darwin, ‘The Origin of Species’, 1859

 

El motor para el nacimiento de la Biología de la Conservación, ha sido la pérdida continua y acelerada de la Biodiversidad global y la alteración antrópica creciente de los ecosistemas en tiempos recientes (1). Las últimas décadas testificaron un incremento sin precedentes de daños irreparables a la Biósfera así como tempranas advertencias (2). Los taxónomos que describen en forma continuada nuevas especies de todo tipo de organismos vivientes, probablemente estén perdiendo una desigual batalla contra la extinción mediada por la acción humana.

La Biología de la Conservación es un campo interdisciplinario cuyo objetivo es establecer las bases científicas de la preservación de la Biodiversidad y el manejo racional de poblaciones, especies, comunidades y ecosistemas. A la vez, utiliza las observaciones empíricas y resultados de las prácticas del manejo de la tierra, como una fuente primaria de información, discernimiento y decisión.

Los biólogos  de espíritu conservacionista reconocemos múltiples factores correlacionados que contribuyen a la presente crisis ecológica: el crecimiento exponencial y descontrolado de la población humana global, y el consumo per capita de los recursos naturales (aún de aquellos llamados sustentables o renovables), que excede largamente, a nivel mundial, la tasa de reposición. Simultáneamente, la desigualdad creciente en el reparto de la riqueza (nunca hecha tan patente en estos tiempos por la tragedia que atravesó el hermano país de Haití), deja a miles de millones de personas viviendo perpetuamente al borde de la inanición y la pobreza. En tanto, una ínfima minoría goza de un estándar de vida y una tasa de consumo sin paralelo en la historia. La pobreza severa en naciones “no privilegiadas” es una variable mayor que contribuye (en gran medida, no intencionalmente), a la degradación y eventual desaparición de los ecosistemas, llevando a erosión masiva de suelos, desertificación, deforestación, y depauperación y extinción de especies. Las escasas reservas naturales existentes globalmente son una pobrísima compensación al apabullante daño universal a la diversidad biológica y al equilíbrio de la Biósfera.

A su vez, las fabulosas tasas de consumo incrementadas en regiones privilegiadas (“desarrolladas”) del mundo, han generado formas de desenvolvimiento tecnológico-industrial que condujeron a la polución creciente de la Biósfera y a cambios climáticos a una escala que carece de precedentes históricos. Todo ello, probablemente irreversible a corto plazo (es decir, a escala humana) si no se adoptan urgentísimas medidas finales (lo que parece estar muy lejos de suceder).

Nuestra especie es una recién llegada al escenario evolutivo y ecológico que es nuestro planeta: tal vez nos remontemos a poco más de 100.000 años, apenas un instante de los maravillosos casi cuatro mil millones de años en que la vida orgânica evoluciona sobre la Tierra. Somos actores y público en esta obra teatral. Asimismo, poseemos las herramientas para discernir y decidir sobre cuál será la trama y resolución del último acto de la obra.

Son innumerables las consideraciones que pueden realizarse a favor de la conservación de la Biósfera, y de la maravillosa Biodiversidad que ella incluye. Existen conceptos utilitarios y económicos que ponen el énfasis en los beneficios que la conservación de las especies existentes y de los sistemas que las sustentan, pueden contribuir al bienestar de nuestra especie en la forma de recursos permanentes para combatir el hambre, las enfermedades infecciosas y la degradación de la pobreza y la ignorancia, o para aportar recursos genéticos silvestres a nuestras fuentes domesticadas de alimentación (3).

Estos conceptos, tan fundamentales, solo pueden realizarse a través del apoyo sostenido de las investigaciones científicas pertinentes por parte de los gobiernos de las naciones industrializadas, principales responsables de la actual crisis a través de un uso indiscriminado de los recursos, una política imperialista de explotación de los pueblos del Tercer Mundo, una oposición tenaz y criminal a los movimientos de liberación, y la depauperación de sus fuentes de subsistencia.

Y, de políticas coherentes y no dependientes, de educación biológica y ambiental por parte de los gobiernos de los estados no privilegiados, que lleven al desarrollo de un debate consciente de políticas científico-tecnológicas y económicas autóctonas y de sentido social y comunitario.

Aún más, la Biodiversidad posee un valor estético que nos debería impulsar a conservarla tal como nuestras sociedades tienden a preservar las grandes obras de arte producidas por algunos miembros de nuestra especie a lo largo de la Historia.

La contemplación de un arrecife coralino, un bosque lluvioso, una estepa, un manglar, tiende a llenarnos de admiración estética y a acercarnos de un modo cultural, a la Naturaleza, y en muchos casos, a confortarnos (tal vez a quitarnos la culpa de la acción errada o de la inacción, lo que es casi lo mismo).

Los pueblos originarios sin embargo, conocían (conocen) muy bien todos estos aspectos de la diversidad biológica: su valor estético, su valor econômico, y su valor ético. Justamente el argumento principal a favor de la preservación de las especies no humanas, es un argumento esencialmente ético. Charles Darwin, los gestores de la Síntesis Evolutiva Moderna en el siglo XX, y los modernos biólogos evolucionistas que tienden a una nueva síntesis o una Síntesis Expandida, demostraron la unicidad de origen entre todas las formas vivientes presentes, pasadas y futuras y la poderosa identidad y continuidad genética e histórica entre Homo sapiens y todas las especies con las que nos relacionamos, nos hemos relacionado y de las que hemos descendido a lo largo de miles de millones de años de Evolución Biológica.

Todas las especies actuales con las que compartimos la Tierra, son el producto del mismo proceso unificador y esencial: la Evolución por Selección Natural. Y compartimos desde hace miles de millones de años, el mismo tipo de información genética y procesos bioquímicos que bacterias, protistas, hongos y plantas. Todavía nos hermanan multiplicidad de genes.

Este proceso maravilloso y a la vez inevitable, llevó a los antecesores de nuestra especie al perfeccionamiento de una novedad evolutiva como es la Evolución Cultural (que ya existía en nuestros predecesores y parientes evolutivos en forma incipiente), que produjo como consecuencia histórica el desarrollo tecnológico, que en gran medida llevó a la situación de deterioro actual de la Biósfera. Sin embargo, también resultó en la adquisición de una conciencia moral que nos permite reflexionar acerca de nuestro destino y el de nuestros compañeros de viaje: todas las otras formas vivientes. Nos obliga a comprender también que el Derecho a Existir, no es una prerrogativa de nuestra especie, sino de todas, y que lazos de ascendencia nos ligan de modo inextricable a todos los seres vivos.

Somos actores, somos público: existe el drama, existe el escenario.  Y, gracias al libreto de la Evolución, si lo leemos correctamente, también podemos ser capaces de escribir una pequeñísima pero relevante escena del anteúltimo acto.

 

“Man may be excused for feeling some pride at having risen, though not through his own exertions, to the very summit of the organic scale; and the fact of his having thus risen, instead of being aboriginally placed there, may give him hope for a still higher destiny in the distant future. But we are not concerned with hopes or fears, only with the truth as far as our reason permits us to discover it […]. We must […], acknowledge, […], that man with all his noble qualities, with sympathy which feels for the most debased, with benevolence which extends not only to other men but to the humblest living creature, […] which has penetrated into the movements and constitution of the solar system-with all these exalted powers-Man still bears in his bodily frame the indelible stamp of his lowly origin.”

Charles Darwin, ‘The Descent of Man and Selection in relation to Sex’, 1871

 

Agradecimientos

A Rosalía Paz, por su lucha infatigable en pos de un mundo mejor.

 

  1. Hunter ML Jr. 2002. Fundamentals of Conservation Biology. 2nd Edit. Blackwell, Massachussetts, USA.
  2. Forecasting International. 1975. Deterioration and modification of the biosphere leading to irreversible climatic change of the global ecosystem. The Future Environment (SEE N76-18969 09-80), Arlington, VA. 25 pp.
  3. Jahi JM, Arifin K, Aiyub K, Awang A. 2009. Environmental quality deterioration and human security: the need for an integrated environmental management system. European Journal of Social Sciences 9: 265-274.

 

PDF: Revista Ambiente Siglo XXI. N° 27 enero-febrero 2011.pdf

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