Sobre mi…

Una inclinación de fondo

Siempre me interesaron las plantas. Cuando terminé mi carrera supe que quería estudiarlas, pero no cualquier planta: me interesaban las plantas cultivadas.

A medida que avancé en ese camino fui conociendo la genética de estas especies, su arquitectura y sus respuestas al ambiente. Pero también fui entrando en otro territorio: el de los productores, los cultivos, los bancos de semillas, los sabores y las culturas que crecen alrededor de las plantas que comemos. Con el tiempo entendí algo decisivo: no solo nosotros transformamos a estas especies; ellas también moldearon nuestros paisajes, nuestras costumbres y nuestras formas de vivir.

La huerta

Esa relación con las plantas cultivadas no quedó solo en el laboratorio, los ensayos o los textos. También pasó por la experiencia directa de sembrar, cuidar, cosechar y cocinar.

Con mi esposo empezamos con una huertita pequeña, que fue creciendo hasta ocupar todo el patio de nuestra casa. Llegamos a cultivar más de 40 especies. La producción era tan abundante que terminábamos haciendo conservas, deshidratando y finalmente compartiendo con amigos.

La huerta me enseñó algo que no se olvida: producir alimento cambia la manera en que una mira la naturaleza, los ciclos, el trabajo y la abundancia.

La escritura

En mi doctorado empecé a escribir artículos de divulgación científica. Me interesaban especialmente temas como el origen de los alimentos, la biodiversidad, los transgénicos, los agroquímicos y la revolución verde.

Durante varios años fui columnista en una revista ambiental y, más tarde, seguí escribiendo en mi blog. Ahí empecé a ordenar una pregunta que seguía creciendo: necesitaba entender de verdad qué era lo que comíamos.

El punto de inflexión

Después de mi maternidad dejé de escribir y mi blog quedó en pausa durante años. Hasta que un día WordPress me avisó que mi sitio había alcanzado las 50.000 visitas.

Cuando revisé las estadísticas, descubrí que las notas más leídas eran las dedicadas a domesticación, biodiversidad y alimentación. Ahí entendí que no se trataba de textos sueltos. Había un hilo claro, una pregunta viva y un proyecto posible.

Así nació Botánica al Plato.