Semillas: ¿derecho de todos o moneda de cambio?

Publicado en Revista Ambiente Siglo XXI - ONG Econciencia
Autora Rosalía Paz

Las semillas son el principio básico de la alimentación de todos los seres vivos incluidos nosotros mismos. Durante miles de años, nuestros ancestros han seleccionado y domesticado las especies vegetales que hoy conocemos y consumimos para obtener frutos más grandes, carnosos y apetecibles. Estos procesos se han ido desarrollando localmente por los agricultores en las diferentes regiones del mundo, con variedades locales adaptadas a las características del suelo, clima y disponibilidad de agua de cada lugar. No obstante, con el advenimiento de la globalización, y los flagelos de guerras y hambrunas que azotaron la población humana a lo largo del último siglo, estas variedades locales se han ido reemplazando por las llamadas semillas de la Revolución Verde, sello registrado de los años 70´. Estas semillas modernas poseen un importante paquete tecnológico por detrás en materia de homogeneidad genética, mayores rendimientos y resistencia a algún pesticida u/o plaga. La bandera con la que se enarboló su implementación y justificó su uso masivo fue acabar con el hambre en el mundo. Hoy, a casi 40 años de esta lucha mundial contra el hambre, ¿lo hemos logrado?

Abordar la problemática de la producción de alimentos es muy complejo en la actualidad, sobre todo a partir del momento en que los alimentos dejaron de ser bienes de consumo y se convirtieron en mercancías (o también denominadas commodities en inglés) con cotización en mercados internacionales y por ende sujetos a la especulación financiera. En términos económicos, se entiende por mercancía o commodity todo aquel producto que es producido a granel, que está poco diferenciado pero que tiene un valor o utilidad. Un ejemplo de esto es la soja: no existen diferencias sustanciales en términos de precio de una tonelada de este grano independiente del país, la zona o productor que las obtuvo (siempre y cuando tengan una calidad mínima estándar, claro).

Actualmente muchos alimentos básicos, sostén de la alimentación de gran parte de la humanidad, son considerados commodities. Debido a los volúmenes comercializados de estos productos a nivel global, los mismos cotizan en bolsas de mercado internacionales. Tal es el caso del arroz, el trigo, el maíz, la avena, el café, el zumo de naranja y el azúcar por mencionar algunos. Estos productos se convierten entonces en el blanco de capitales especulativos que buscan obtener altos rendimientos económicos a bajo costo.

La otra cara de esta moneda son los pequeños y medianos productores, que se ven obligados a implementar estas nuevas tecnologías para incrementar sus rendimientos. En muchos países como en India los agricultores disponían de más de 100.000 variedades criollas de arroz. Dichas variedades fueron desarrolladas durante cientos de años, y se fueron seleccionando por características particulares como la resistencia a la sequía, o una gran diversidad de sabores y colores. Este patrimonio se compartía entre las comunidades locales, y los mejores lotes de producción se guardaban para utilizarlos como semillas para la siguiente temporada. Con el desarrollo de las variedades de arroz de alto rendimiento de la Revolución Verde, estas variedades modernas fueron ganando el terreno a las variedades criollas tradicionales. Pero estos avances tenían (y siguen teniendo) una trampa: la del todo o nada.

variedades de arroz

Como se imaginarán, las semillas de la Revolución Verde tienen un costo bastante mayor que las semillas criollas. Es el precio de la tecnología, las patentes y royalities. Pero este coste no viene solo, una vez que la semilla es una parte del paquete tecnológico. Para lograr las promesas de la Revolución Verde, los productores debían incorporar además la maquinaria agrícola adecuada, riego y los insumos. Todo el paquete es muy costoso, y solo puede ser afrontado por grandes terratenientes, no obstante, muchos pequeños productores se vieron seducidos ante esta posibilidad, y se embarcaron en la osada aventura crediticia para implementar todo este paquete, y perdieron. Se remataron sus campos y se vieron arrojados en la más profunda miseria y pobreza. Esta historia se repite a lo largo y ancho del planeta, y en nuestro país hoy tenemos una agricultura extensiva sin agricultores. Los grandes volúmenes de granos producidos en nuestro país están en manos de los conocidos pooles de siembra, que son una masa de capitales diversos que invierten en la producción de estos commodities, arriendan inmensas extensiones de campo a las que siembran a granel y fumigan con avionetas para poder dar abasto de este vasto “desierto” verde que luego se cosecha con tractores dirigidos mediante tecnología satelital (GPS). Cada vez hay menos personas en el campo. En aquel antaño campo con agricultores y campesinos hoy solo hay máquinas y agroquímicos. Las banderas de la Revolución Verde flamean solo para el viento, y saludan a sus patrones (que están en otro continente) en su soledad. Toneladas y toneladas de alimentos que entrarán en el mercado especulativo de capitales.

En nuestro país, más del 50% de las semillas que se utilizan para producir nuestros alimentos son importadas. En otros tiempos, disponíamos de cientos de variedades locales de variedades criollas desarrolladas y mejoradas por instituciones como el INTA que se caracterizaban por ser de polinización abierta. Esto quiere decir que eran variedades estables y que sus semillas se podían guardar por varios años y utilizarse para volver a sembrar. No obstante, con las políticas neoliberales de los 90´, los programas que mantenían estas variedades se dieron por terminados, y ese importante recurso que aseguraba la soberanía alimentaria de nuestro país se perdió. Hoy dependemos en gran medida de semillas importadas, gran parte de las cuales son híbridas (solo pueden sembrarse una vez) o transgénicas. Y esta historia se repite una y otra vez en todo el mundo.

tipos de semilla

Actualmente el mercado mundial de semillas está acaparado por solo 10 empresas que dominan el 75% del mercado: Monsanto (26%), DuPont Pioneer (18,2%) y Syngenta (9,2%). Vilmorin (del Grupo francés Limagrain), WinField, la alemana KWS, Bayer Cropscience, Dow AgroSciences y las japonesas Sakata y Takii. De ellas, las tres primeras suman el 53%. Hoy, el mercado de semillas es el tercero más rentable en el mundo. Muchas de estas empresas poseen más recursos que la economía de un país entero. Esto quiere decir que con unas monedas pueden presionar para que se aprueben leyes o impulsen políticas que las favorezcan.

Nunca antes en la historia de la humanidad hubo tanta capacidad de producir alimentos como en la actualidad, sin embargo 1 de cada 7 seres humanos no come diariamente y la mitad de los que no comen son niños. En América Latina tenemos 49 millones de personas padeciendo hambre. El problema del hambre en el mundo hoy no es un tema de la agricultura, ni de la ciencia, ni de la economía, es un tema de la política de soberanía alimentaria de los pueblos y de que los alimentos, derecho universal de todos los seres vivos, dejen de ser considerados mercancías.

Información suplementaria:

CAMPESINOS NO PODRÁN UTILIZAR SEMILLAS CRIOLLAS

Daiana Melón. El comercio del “oro verde”: El patentamiento de la diversidad genética y de la vida.

 

PDF: Revista Ambiente Siglo XXI. N° 30 Septiembre-Octubre.pdf

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