Anahí llegó a mi vida científica por medio de la Dra. Sandra García Lampasona, del INTA Luján de Cuyo, Mendoza. En ese momento Sandra dirigía su tesina de grado sobre ajo y me invitó a codirigirla porque justo estábamos poniendo a punto técnicas vinculadas con retrotransposones y variación genética.
Su trabajo de grado se centró en Allium sativum, una especie muy particular: el ajo no se multiplica por semillas, sino por dientes. Eso permite conservar cultivares, pero también favorece la acumulación de virus y otros problemas sanitarios. Por eso se utiliza el cultivo in vitro como herramienta para sanear materiales, aunque ese proceso puede inducir cambios genéticos o epigenéticos no deseados.
La tesina de Anahí se tituló “Estudio de secuencias codificantes con cambios en los patrones de metilación inducidos por el cultivo in vitro en Allium sativum L.”. Fue una primera etapa muy fructífera: presentó resultados en congresos y participó en una publicación sobre cambios genéticos y epigenéticos en plantas de ajo libres de virus obtenidas mediante cultivo de meristemas y micropropagación.s dientes de ajo que consumimos y de cada diente obtenemos una cabeza de ajo. Todos los dientes de ajo de una cabeza son genéticamente idénticos o «clones» del diente que les dió origen. Esto tiene sus ventajas y desventajas. Pese a que es mas complicado obtener un nuevo cultivar (por que no se pueden hacer cruzamientos), una vez que se obtiene, este es facil de mantener. Pero por otro lado, los bulbos de ajo son el sitio preferido de los vírus, con lo que diferentes cocteles de estos parásitos celulares se van acumulando generación tras generacion provocando pérdidas en los cultivos. Es por ello que se utiliza la técnica de cultivo in vitro para sanear los dientes de ajo y proveer a los productores ajo libre de virus.

Después de recibirse como Licenciada en Biología Molecular en la Universidad Nacional de San Luis, Anahí se incorporó al doctorado en Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional de San Juan, bajo mi dirección y la codirección del Dr. Juan Urdampilleta.
Ese doctorado fue también una aventura institucional. En San Juan todavía no teníamos laboratorio completamente montado, así que Anahí se trasladó a Córdoba para trabajar en el laboratorio de citogenética de Juan. Allí desarrolló una parte central de su tesis, combinando citogenética, marcadores moleculares y análisis genómico en pimiento.
Su tesis doctoral estudió la diversidad genética dentro de Capsicum annuum. Trabajó con cultivares comerciales, materiales criollos derivados de exploraciones del INTA en pueblos de la Quebrada de Humahuaca y semillas de Zunla, un cultivar chino usado como referencia genómica. Aunque el pimiento es americano, su historia agrícola también es global, y esa diversidad de materiales permitía comparar los retroelementos identificados bioinformáticamente en Zunla con su distribución y abundancia en otros fondos genéticos.
Una parte muy linda de su trabajo fue justamente esa: poner en diálogo distintas escalas y distintas historias. Por un lado, el genoma de referencia de Zunla; por otro, materiales cultivados, criollos y comerciales, con trayectorias agrícolas y geográficas propias. A partir de esa comparación, Anahí estudió la distribución y abundancia de retroelementos y microsatélites en pimiento.
También generó imágenes citogenéticas hermosas: metafases cromosómicas, señales de hibridación fluorescente y patrones que permitían mirar la diversidad desde la escala del cromosoma. Los retroelementos, que muchas veces parecen abstracciones del genoma, aparecían como señales visibles sobre los cromosomas. En esas imágenes se podía ver algo que siempre me interesó profundamente: que los genomas vegetales no son estructuras quietas, sino territorios dinámicos, llenos de historia, repeticiones, marcas y reorganizaciones.

Cuando Anahí estaba cerca de defender su tesis, empezó la pandemia de COVID-19. Todo lo que parecía ordenado volvió a moverse. La defensa presencial se volvió imposible, las universidades tuvieron que reaccionar muy rápido y la Universidad Nacional de San Juan abrió una vía inédita: la defensa doctoral por videoconferencia.
Así fue como Anahí defendió su tesis desde un comedor familiar, en plena cuarentena, y se convirtió en la primera doctoranda de la UNSJ (y creo que de la Argentina también) en defender su tesis doctoral de manera online. La nota salió incluso en la prensa local. Para mí también fue una escena muy particular. Siempre me gustó acompañar físicamente a mis estudiantes en sus defensas, estar ahí, compartir los nervios previos y el abrazo del final. Esta vez tuve que hacerlo desde la distancia, recién estrenada en la maternidad y en medio de una pandemia. Fue una defensa atravesada por todo eso: pantalla, familia cerca, incertidumbre afuera y una tesis que finalmente encontraba su cierre.
Anahí obtuvo la calificación de 10 sobresaliente y se convirtió en Doctora en Ciencias Biológicas. Para mí, además, fue una defensa muy especial: Anahí fue mi primera estudiante doctoral. Haber acompañado ese recorrido desde la tesina de grado hasta el doctorado fue una de las experiencias más importantes de mi trayectoria como directora.
Después continuó un tiempo sus estudios postdoctorales conmigo, pero su corazón ya se había quedado en Córdoba. Más adelante se incorporó a la Unidad de Estudios Agropecuarios, UDEA, CONICET-INTA, donde trabaja en el grupo de la Dra. Mariana Melchiorre, una investigadora con trayectoria en fisiología microbiana, simbiosis rizobio-leguminosa, estrés y desarrollo de bioinsumos.
Con Mariana comparto también una historia previa: la conozco desde mis primeros años en Chascomús, cuando trabajábamos en temas vinculados con inoculantes y participábamos en talleres de Lotus. De algún modo, que Anahí haya seguido su camino allí también cerró un círculo entre personas, instituciones y preguntas científicas que venían dialogando desde hacía mucho tiempo.
Le tengo un enorme afecto a Anahí. No solo por todos los años de trabajo compartido, sino porque confió en mí para construir prácticamente toda su experiencia inicial de investigación. La vi empezar con dudas, aprender técnicas nuevas, mudarse de laboratorio, atravesar una tesis exigente, sostener la incertidumbre de la pandemia y, poco a poco, ganar confianza.
Para mí es un orgullo haberla visto convertirse en la profesional que es hoy: una científica formada en genética, citogenética, anatomía y biología molecular vegetal, capaz de moverse entre el laboratorio, el microscopio, los genomas y las preguntas aplicadas.
En Botánica al Plato, su historia tiene un lugar especial. Porque habla de ajo, pimiento, cromosomas, retroelementos y semillas; pero también habla de confianza, de formación, de laboratorios que todavía no existían, de viajes, de pandemia y de una trayectoria que fue encontrando su propio lugar.

Publicaciones vinculadas
- Giménez MD, Yañez Santos AM, Paz RC, Quiroga MP, Marfil CF, Conci VC y García Lampasona S. 2016. Assessment of genetic and epigenetic changes in virus-free garlic (Allium sativum L.) plants obtained by meristem culture followed by in vitro propagation. Plant Cell Reports 35: 129–141.
- Yañez-Santos AM, Paz RC, Paz-Sepúlveda PB, Urdampilleta JD, Sánchez-Puerta MV. 2021. Full-length LTR retroelements in Capsicum annuum revealed a few species-specific family bursts with insertional preferences. Chromosome Research 29: 359–374.

Ficha de trayectoria
Anahí Yáñez Santos
Tesina de grado y doctorado | Ajo, pimiento, retroelementos y citogenética
Comenzó estudiando cambios genéticos y epigenéticos inducidos por cultivo in vitro en ajo. Luego desarrolló su tesis doctoral sobre diversidad genética en pimiento (Capsicum annuum), comparando retroelementos identificados en el genoma de referencia Zunla con su distribución y abundancia en cultivares comerciales y materiales criollos de la Quebrada de Humahuaca.
Hito: primera estudiante doctoral dirigida y primera defensa doctoral online de la UNSJ durante la pandemia.


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