Felipe Benetti

Por Rosalía Paz · Botánica al Plato

Felipe llegó al grupo como ingeniero forestal, atraído por una especie que desde hacía años venía despertando preguntas en el CIGEOBIO: Ramorinoa girolae, comúnmente conocido como “la chica”. No es un árbol cualquiera del Monte. Es una leguminosa arbórea exclusiva de la flora xerófila argentina, endémica de San Juan, La Rioja y San Luis, y única especie viva de su género. Esa condición —un género entero reducido a una sola especie— la vuelve taxonómicamente singular: una sobreviviente solitaria dentro del paisaje árido.

En San Juan forma parches de bosque llamados chicales. Y esos parches no son solo manchas verdes en la montaña: son refugio para la fauna, estabilizan suelos, ayudan a reducir la erosión hídrica y eólica, producen frutos comestibles y ofrecen una madera extraordinariamente dura (una de las mas duras de la Argentina), históricamente apreciada por las comunidades locales para hacer brasas duraderas y artesanías. Sus frutos, conocidos como “maní de las sierras”, fueron un alimento nutritivo y codiciado por poblaciones diaguitas y huarpes desde tiempos prehispánicos, y esa memoria todavía persiste en comunidades locales.

Ejemplar adulto de Chica – Ramorinoa girolae. Foto cortesía de Felipe Benetti.

La pregunta por la chica no empezó conmigo, pero me encontró en un momento decisivo. En cierta forma, era una de las grandes preguntas de Stella Giannoni, mi directora de ingreso a carrera y luego codirectora de la tesis de Felipe. Stella venía mirando desde hacía tiempo esas poblaciones extrañas: árboles sin hojas visibles, de arquitectura difícil, distribuidos en parches, asociados a las sierras áridas de San Juan y cargados de importancia ecológica, forestal y cultural. Yo entré en escena para intentar aportar una herramienta que podía abrir otra dimensión de esa historia: la genética.

Por eso llegué al CIGEOBIO. La idea era ayudar a responder qué guardaban esos chicales por dentro: si eran poblaciones conectadas o aisladas, si conservaban diversidad genética, si había reproducción sexual efectiva o si parte de esos bosques podían explicarse por propagación vegetativa. Pero en ese momento no teníamos un laboratorio consolidado. Con muchas limitaciones técnicas llegué a hacer una primera caracterización genética de una población natural cercana al Parque Provincial Ischigualasto. Fue un estudio pequeño, exploratorio, procesado finalmente en 19 individuos mediante marcadores AFLP, pero dejó pistas importantes: la población mostró una diversidad genética elevada, una estructura genética espacial particular y, sobre todo, ausencia de clones. Eso era relevante porque hasta entonces circulaba la idea de que la chica podía propagarse por esquejes. El resultado no cerraba la pregunta; al contrario, la abría más. Si no estábamos mirando un bosque hecho de copias, entonces cada árbol podía guardar una historia genética propia.

Y ahí aparecía la pregunta que no me soltaba: ¿por qué la chica vive así, en parches? ¿Qué historia explica esa distribución fragmentada entre San Juan, La Rioja y San Luis? En la tesis de Felipe estudiamos poblaciones naturales de Ramorinoa girolae dentro de San Juan, elegidas no como puntos aislados en un mapa, sino como escenas distintas de una misma historia: chicales más protegidos, chicales atravesados por ganado, caminos, tala o uso humano del bosque. Esa mirada permitía entender el presente ecológico de la especie, pero también dejaba abierta una pregunta más antigua. Si dentro de una misma provincia la chica ya aparece como un archipiélago de poblaciones, la presencia de la especie en La Rioja y San Luis agranda todavía más el misterio: ¿son restos de una distribución antigua más amplia? ¿Son poblaciones aisladas desde hace mucho tiempo? ¿Guarda cada chical una memoria genética distinta?

Felipe llegó justo a ese cruce: una pregunta genética abierta, una especie forestal rarísima y una necesidad urgente de entender qué estaba pasando en sus poblaciones reales. Su tesis nació con una pregunta aplicada y profundamente territorial: cómo las perturbaciones humanas —la tala, el ganado, las rutas, los caminos, el fuego— afectan a los bosques de chica. El plan de fondo seguía incluyendo la posibilidad de mirar la genética de los chicales, y lo intentamos varias veces. Primero en el INTA de Mendoza, después buscando alternativas en la Universidad Católica de San Juan, más tarde en el INSEMI. Hicimos muestreos, conservamos material, golpeamos puertas. Mientras tanto, mi propio laboratorio tardaba en llegar, y los tiempos de una tesis doctoral no esperan indefinidamente.

Cuando parecía que por fin la parte genética podía avanzar, conseguimos una posibilidad concreta en el INTA San Juan, en Pocito. Ya teníamos las muestras: era cuestión de procesarlas. Y entonces llegó la pandemia. Felipe tuvo que cerrar su tesis con lo que era posible cerrar. Las becas tienen plazos, las tesis necesitan terminarse, y las preguntas científicas no siempre maduran al ritmo de las instituciones.

Pero ese límite no achicó su trabajo: lo transformó. Como ingeniero forestal, Felipe pudo hacer algo que la chica necesitaba con urgencia: ponerle medidas, estructura, diagnóstico y territorio a esos bosques. Porque la chica ni siquiera se deja medir como otros árboles. A veces tiene un tronco erecto; otras, ramifica desde la base, se tumba, se retuerce contra el suelo. No tiene hojas visibles como las de otros árboles del Monte. Obliga a mirar distinto, medir distinto y pensar distinto.

Su tesis terminó siendo un estudio profundamente forestal y ecológico sobre las comunidades dominadas por Ramorinoa girolae en San Juan. Relevó estructura, sanidad, regeneración, biodiversidad acompañante, factores antrópicos y naturalidad. Fue un muestreo ambicioso, de muchísimo campo, que permitió mirar a la chica no solo como una rareza botánica o una incógnita evolutiva, sino como un bosque real: usado, dañado, resistente, vulnerable y necesitado de criterios de manejo.

Así, la tesis de Felipe no fue una versión incompleta de una pregunta genética: fue la respuesta forestal y ecológica que esa pregunta encontró en ese momento. La historia genética de los chicales quedó pendiente, sí. Pero no quedó muerta. Quedó como quedan algunas semillas en el desierto: esperando condiciones. Tal vez no era el momento. O tal vez algunas preguntas, como la propia chica, no avanzan en línea recta. Sobreviven en parches, esperan en silencio y vuelven a brotar cuando el paisaje cambia.

A veces bromeo con que la chica tiene su propia maldición: cada vez que alguien está por retomar la genética, algo se cruza. Cambian los laboratorios, cambian las circunstancias, llega una pandemia, alguien se va, alguien toma licencia. Pero quizá no sea una maldición. Quizá sea simplemente una pregunta difícil, de esas que no se dejan responder a las apuradas. Alguien, tarde o temprano, tendrá que levantar ese guante.

Felipe defendió su tesis desde Barcelona. Junto a Stella Giannoni y Gerardo Fanton (director del postgrado) acompañándolo ante el tribunal de evaluación compuesto por Carolina Miño, Gabriel Gatica y Guillermo Pastur. Recibió un merecido 10 sobresaliente.

Felipe culminó su tesis doctoral en 16 de agosto del 2024 vía remota desde España (se había mudado unos meses antes). El tribunal le asignó un 10 sobresaliente, por la relevancia de su estudio y por su enfoque original. Actualmente Felipe se encuentra viviendo en Barcelona y, tras el proceso migratorio, se ha abocado a aspectos más técnicos de viverización forestal y ornamental para Parques y Jardines de Catalunya.

Ficha de trayectoria
Felipe Benetti
Tesis doctoral | Chica, ecología forestal y conservación
Estudió la estructura, regeneración, estado sanitario y biodiversidad de los bosques de Ramorinoa girolae en San Juan, y evaluó cómo la tala, el ganado, los caminos y otras perturbaciones humanas afectan su conservación.
Su tesis permitió caracterizar poblaciones naturales de esta especie endémica y singular, y aportar criterios para el manejo y la protección de los chicales.
Hito: transformar una pregunta genética que no pudo completarse en un diagnóstico ecológico y forestal integral sobre los bosques de chica.

Ciencia, plantas cultivadas y cultura alimentaria

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Sobre quien escribe
Soy Rosalía Paz, investigadora y divulgadora científica. En Botánica al Plato exploro la historia de las plantas cultivadas y el modo en que moldearon nuestra alimentación, nuestros paisajes y nuestra cultura.

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