Bioacumulación: lo que el hombre diluye, la naturaleza concentra. Parte III

De vuelta a la mesa.

Publicado en Revista Ambiente Siglo XXI - ONG Econciencia
Autora Rosalía Paz

La actividad humana actualmente libera al medio ambiente grandes cantidades de agentes contaminantes. Estos contaminantes pueden ser de diversos orígenes, tales como domiciliarios o resultado de la actividad agroindustrial. Una de las vias para deshacerse de ellos es diluirlos en el medio ambiente, ya sea en el aire, en el agua y/o en el suelo. En las partes anteriores de este artículo, desarrollamos el concepto de contaminación, y comprendimos el impacto de los contaminantes en el ecosistema y sus seres vivos, una vez que los contaminantes pueden entrar en las cadenas tróficas y acumularse a medida que vamos ascendiendo en los eslabones tróficos. A lo largo de la última parte de este artículo, veremos las consecuencias de la contaminación para el hombre.

Existen diversas vías de entrada para un agente contaminante al cuerpo de una persona, tales como las vías respiratórias, la vía digestiva, la vía cutánea. Según la naturaleza de este contaminante será su efecto y modo de acción. De esta manera, la cercanía de una persona a cursos de agua contaminados con aguas residuales puede exponerla a contaminantes microbianos. Por su parte, las emanaciones aéreas industriales o vehiculares exponen las vías aéreas al contaminante. De esta misma manera, la fumigación con agroquímicos puede producir la entrada del agente contaminante por la vía dérmica u/o respiratória. Otra vía más directa es la ingesta de alimentos contaminados por dicho agroquímico. Los deshechos de industrias al mar pueden volver por la bioacumulación a la mesa del consumidor en forma de peces y mariscos. Pero como afecta un contaminante a una persona? Esa es una buena pregunta para la cual puede haber varias respuestas.

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Diariamente nos encontramos expuestos a sustancias químicas de los mas diversos orígenes. Algunas de ellas actualmente son considerados contaminantes y peligrosos a raíz de diversos estudios, pero muchos otros no están todavía bien caracterizados. No hay pruebas irrefutables sobre el daño que algunas sustancias químicas pueden causar en el ser humano pero es probable que no las haya nunca, incluso aunque llevemos a cabo más investigaciones. Es muy difícil establecer si existe una relación entre determinados contaminantes y la aparición de enfermedad, y las razones son varias: no disponemos de grupos control con individuos no contaminados para poder comparar. Muchas de estas enfermedades no se hacen evidentes hasta mucho después de comenzar la exposición química, por tener un periodo de latencia o de incubación largo. Los niveles de exposición real son muy difíciles de calcular y es probable que varíen considerablemente entre individuos y a lo largo de la vida de un mismo individuo. Además, se sabe muy poco sobre los efectos de la exposición a mezclas de sustancias químicas.

contaminación 9Un grupo de agentes contaminantes en la lista roja son los denominados COP (Contaminantes Organicos Persistentes) por tener una gran inercia química (persistencia en el medio, efectos a largo plazo, bioacumulación). Estos contaminantes se han dispersado y contaminan amplias zonas del planeta, y son muy difíciles de excretar por el cuerpo humano, en el que tienen una larga vida media, y se acumulan en los tejidos grasos. Llegan hasta nuestro organismo a través de una exposición ambiental “de fondo”, continua, a dosis muy bajas. Fundamentalmente, a través de la dieta; sobre todo a partir de las partes más grasas de los alimentos, incluyendo las grasas recicladas para fabricar productos (pastelería, piensos) que humanos y animales comemos. Diversos estudios han observado que en España muchas muestras de carne, pescado, huevos, leche, mantequilla, queso o cereales contienen residuos de DDE, PCB, hexaclorobenceno e isómeros del lindano, como el β-hexaclorociclohexano. En cuanto a las dioxinas, se calcula que un 95-98% entran en el cuerpo humano a través de los alimentos (más del 80%, por los de origen animal). No obstante, la magnitud poblacional del problema es relativamente mal conocida, básicamente por dos razones: a) los estudios científicos se han hecho sin continuidad temporal ni exhaustividad sociodemográfica, y b) los estudios o actuaciones puntuales efectuadas por las entidades competentes parecen ser escasos o incompletos, son poco difundidos o adolecen de importantes limitaciones metodológicas.

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En la década de 1970 se hizo patente una tendencia (en lo demográfico) al envejecimiento de la población y (en lo epidemiológico) a la creciente importancia de enfermedades crónicas y degenerativas, no transmisibles, como causa de morbilidad y mortalidad, con importante influencia de factores ambientales. Asimismo se encontró que una causa importante de morbilidad y mortalidad en las enfermedades transmisibles e infecciosas, prevalentes en los países en desarrollo eran las transformaciones ambientales provocadas por la actividad humana. Los niños menores de cinco años son particularmente susceptibles (aún en el periodo prenatal), no sólo porque incorporan mas agua y aire en relación con su peso, sino también por las características de sus procesos de eliminación de sustancias – llevadas a cabo por el hígado y los riñones, los cuales aún están inmaduros – así como por la alta tasa de reproducción celular de sus organismos, que los hace más vulnerables a los efectos de sustancias cancerígenas y neurotóxicas. Entre las enfermedades asociadas a agentes contaminantes, podemos citar defectos congénitos, las enfermedades inmunológicas, los desórdenes reproductivos y del desarrollo, las alteraciones neurológicas y el cáncer. Estas enfermedades empiezan a menudo en la niñez y pueden estar causadas por daños durante la gestación, el período vital más susceptible a los perjuicios químicos.

 Debido a los muchos factores involucrados en estos procesos, la respuesta a los riesgos ambientales para la salud trasciende las medidas estrictamente sanitarias o sectoriales; se requiere un enfoque integrado que transforme las políticas sociales y económicas, impulsando la satisfacción de las necesidades básicas de la población, el uso de tecnologías limpias, el manejo de riesgos, el monitoreo y control de la contaminación, la educación publica preventiva, un nuevo sentido de responsabilidad social por parte del sector empresarial, así como una nueva legislación e incentivos para prevenir el desarrollo de riesgos sanitarios.

Referencias:

 

PDF: Revista Ambiente Siglo XXI. N° 23.marzo 2009.pdf

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