El impacto de la agricultura sobre la población humana

Publicado en Revista Ambiente Siglo XXI - ONG Econciencia
Autora Rosalía Paz

Antes de la agricultura, el hombre no era capaz de decidir sobre sus recursos de subsistencia. Estaba a merced de su suerte y de la disponibilidad de alimento del medio, limitando este el número de individuos. Con una producción aumentada de alimento, las restricciones al aumento poblacional cesaron, y dieron inicio al crecimiento exponencial de la población humana.

Los conocimientos históricos indican que hace sólo unos 100.000 años –unas 3 500 generaciones– el hombre abandonó las sabanas del África oriental para extenderse por todo el planeta. Durante ese periodo, el hombre evolucionó lentamente, con un estilo de vida nómada y un sistema de subsistencia basado en la caza y en la recolección de alimentos. Con el desarrollo de la agricultura y la ganadería (10.000 años atrás– unas 350 generaciones) se inició un lento proceso de selección artificial de plantas y animales que culminó con la domesticación de los mismos. Este proceso resultó clave en la evolución social, tecnológica, cultural y en el impacto sobre el ambiente. Cuando la especie humana desarrolló la agricultura, se estima que su población no pasaba de 5 millones. Hacia el año 400 aC se calcula que la población alcanzó los 150 millones y para el principio de la Era Cristiana saltó a 250 millones (ONU, 2005).

La explosión demográfica mundial que vemos en los días actuales se atribuye a distintos factores. Primero los avances en la medicina a mediados de los siglos XIX, con el descubrimiento de los microorganismos como fuentes principales de un gran número de enfermedades, el desarrollo de vacunas y el descubrimiento de los antibióticos. Con estos adelantos médicos básicos se mejoraron la salud (disminuyendo las tasas de mortalidad) y la esperanza de vida de los habitantes de muchas partes del mundo acelerando el crecimiento poblacional. Por otro lado, en términos de oferta y demanda de alimentos para el consumo humano, la aplicación de la ciencia a la producción de alimentos tuvo como resultado el aumento de la producción por unidad de superficie o por animal. La explotación de diversas fuentes de energía en forma de combustibles fósiles fue básica para el desarrollo industrial, aportando la energía necesaria para crear esas áreas de cultivo, explotar y cosechar enormes cantidades de alimento, y su transporte a todas partes del mundo (ONU, 2005).

Durante este periodo relativamente breve, los recursos alimentarios mundiales crecieron de forma notable, y la población humana se multiplicó aún más, llegando hacia el siglo XVIII a 800 millones de habitantes. No obstante, poco a poco se concluyó que la producción de alimentos no podría mantenerse de forma indefinida a la altura de un crecimiento demográfico incontrolado. En 1798, el economista Thomas Robert Malthus resumió así este punto de vista: “… la población, en ausencia de cortapisas, crece en progresión geométrica. Los medios de subsistencia crecen tan sólo en progresión aritmética” (ONU, 2005).

A pesar de este panorama pesimista, los avances científicos y tecnológicos logrados a finales del siglo XIX gracias a la Revolución Industrial llevaron a la Revolución Agrícola en Inglaterra y norte de Europa permitiendo el aumento de la producción de alimentos. Por un lado, la mecanización, característica más destacada de la agricultura de esa época, alivió el agotador trabajo del agricultor, multiplicando la eficiencia y productividad de las explotaciones agrícolas. Por otro lado el desarrollo de agentes químicos como los fertilizantes, inoculantes, insecticidas y fungicidas permitió mejorar los rendimientos (Bloom and Planning, 2005).

población humana
Gráfica de explosión demográfica humana en los últimos 200 años. Los avances en microbiología y medicina a mediados del siglo XIX disminuyeron notablemente las tasas de mortalidad y aumentaron la esperanza de vida de la población humana. Para satisfacer una demanda creciente de alimentos, fue preciso aumentar los rendimientos agrícolas. (Tomado y adaptado de http://www.popin.org)

 

 

Con una provisión de alimentos excedente, y con mejorías en las condiciones y en la calidad de vida gracias al desarrollo de la ciencia y la tecnología, el siglo XX ha sido testigo de un extraordinario crecimiento de la población mundial, de 1.600 millones a 6.100 millones de personas; el 80% de ese aumento tuvo lugar después de 1950 (Fig. 1). Este rápido crecimiento demográfico fue ocasionado por notables reducciones de la mortalidad, especialmente en las regiones menos desarrolladas, en las que la esperanza media de vida al nacer aumentó en más de 20 años durante la segunda mitad del siglo. Como resultado, la población mundial ha aumentado cerca de un 150% desde 1950, con una tasa de crecimiento que alcanzó el 2,04% anual a fines del decenio de 1960. (ONU, 2005).

Al final de los 1960s, la preocupación acerca de la explosión demográfica y de la pobreza resultó en la publicación frecuente de predicciones bastante pesimistas (Bloom and Canning, 2005). Envíos masivos de ayudas alimentarias para reducir la hambruna en la India al final de los 1960s, seguidos por los adelantos tecnológicos agrícolas de los 1970s, con un creciente enfoque sobre las limitaciones de los recursos naturales, sirvieron para realizar una mezcla de predicciones optimistas y pesimistas sobre las perspectivas mundiales de los alimentos (Mccalla and Revoredo, 2001). Notables entre estas predicciones son las obras de William y Paul Paddock en los 1960s, y Lester Brown y Paul Erlich desde los 1970s. (Mccalla and Revoredo, 2001). Mientras la mayoría de estas predicciones pesimistas no se han cumplido, el objetivo de los autores puede haber sido el de mover el debate político en una dirección particular para enfatizar escenarios y variables de su preocupación particular y, así, reducir las probabilidades de que sus predicciones se cumplieran (Mccalla and Revoredo, 2001). El término “Revolución Verde” surgió a mediados de los años 60 para describir la adopción extendida de tecnología desarrollada para generar variedades mejoradas genéticamente de alto rendimiento y el uso extensivo de fertilizantes a fin de aumentar los rendimientos de los principales cultivos (Rosset, Collins and Lappé, 2004). La transferencia de estas tecnologías hacia países en desarrollo tuvo como objetivo aumentar la disponibilidad de alimentos y reducir sus costos. La meta establecida en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación realizada en Roma (1996) fue reducir a la mitad el número de personas que padecen desnutrición crónica en la tierra para el año 2015 (FAO, 2003).

La sobrepoblación mundial es un hecho real que requiere una acción constante para lograr una mayor igualdad social en cuanto a política alimentaría y laboral. A pesar de los aumentos en los rendimientos de los principales cultivos vegetales, sigue inminente el problema del hambre en el mundo. Hoy, en pleno siglo XXI, un quinto de la humanidad sufre de desnutrición. Paradójicamente, otro quinto de la humanidad sufre de obesidad. Falta de alimentos o de distribución?

 

Referencias

BLOOM, D.E. and CANNING, D. 2005 Global Demographic Change: Dimensions and Economics Singnificance – Hardvard Iniciative for Global Health

MCCALLA A.F. and REVOREDO, C.L. 2001 Perspectivas para una seguridad alimentaria mundial: un analisis critico de anteriores proyecciones y predicciones. Visión 2020 IFPRI 

ONU 2005 Population, Environment and Development: The Concise Report (2001)

 

PDF: Revista Ambiente Siglo XXI. N° 11.marzo 2008.pdf

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